La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) es una agencia especializada de la ONU dedicada a erradicar el hambre, lograr la seguridad alimentaria y promover una vida saludable a través del acceso a alimentos de calidad, trabajando en más de 130 países para mejorar la agricultura, la nutrición y los medios de vida sostenibles.
Quiero comentarles con mucho cariño que el pasado 24 de noviembre de 2025, recibí una invitación muy especial por parte de la FAO Colombia, para participar como ponente en el evento denominado "Agricultura urbana para la consolidación de ambientes alimentarios urbanos saludables y sostenibles: Intercambio Brasil–Colombia".
Fue un encuentro pequeño en tamaño, pero profundamente motivador y significativo. Durante esta jornada compartimos diálogos y reflexiones con el Jardín Botánico de Bogotá, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Gobernación de Boyacá, City Huertas, delegados del país de Brasil y, por supuesto, funcionarios de la FAO Colombia.
Escuchar las intervenciones sobre lo que Brasil ha venido desarrollando alrededor de la agricultura urbana fue inspirador. Esta información nos permitió confirmar que, aunque a veces nuestro caminar sea lento, en Maya Tejedores de la Tierra hemos tenido un buen enfoque y una visión clara a lo largo de más de diez años de trabajo constante. Sin duda, seguimos comprometidos con fortalecer la agricultura urbana en Bogotá, convencidos de que este camino es necesario y transformador.
En el espacio también reflexionamos sobre la importancia de crear alianzas estratégicas desde el sector privado, ya que, tristemente, el apoyo que proviene del gobierno distrital de Bogotá suele ser mínimo y seguimos dependiendo de la voluntad política de cada administración. Aun así, este escenario nos permitió reconocer aspectos positivos, como los presupuestos participativos, que, aunque son susceptibles de mejora, han representado avances importantes.
Durante mi intervención, compartí también el proyecto piloto que actualmente estamos adelantando junto a las universidades Católica y Santo Tomás, enfocado en evaluar la capacidad de secuestro de carbono de nuestras huertas urbanas. Este ejercicio reafirma el valor ambiental de estos espacios vivos que cuidamos con tanto amor.
Hablamos, además, de la importancia de una verdadera inclusión social en la agricultura urbana, apostando por el reconocimiento de que el derecho a una alimentación saludable es de todas y todos, y que la responsabilidad frente a la mitigación del cambio climático también incluye a poblaciones históricamente excluidas, como las personas sordas.
Fue muy valioso escuchar las propuestas del Ministerio de Ambiente, del Jardín Botánico de Bogotá, y conocer las experiencias de Brasil que podemos replicar y adaptar a nuestra amada Bogotá, al tiempo que evaluamos con honestidad qué estamos haciendo bien y qué podemos mejorar como organización.
Mi intervención comenzó compartiendo un poco de mi historia de vida como mujer campesina, porque creo firmemente que la tierra también se defiende desde la memoria y la identidad. Como bien lo expresó Héctor J. Vargas: "yo soy boyacense de pura raza y amo a mi tierra como a mi mama". Y yo agrego: mi tierra es Colombia.
Este encuentro reafirmó que el tejido que hacemos desde lo comunitario, lo campesino y lo urbano vale la pena. Seguimos sembrando, aprendiendo y soñando, con la convicción de que la agricultura urbana es una herramienta poderosa para construir ciudades más justas, saludables y sostenibles.